Publicado: 18 de Noviembre de 2009
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Por Sergio Fernández
A veces no sé porqué decido hacer una competición u otra. Con el tiempo me he dado cuenta de que lo hago por dos factores, el reto deportivo y el viaje (me he dado cuenta después, no era algo racionalizado y premeditado). No sé porqué nos atraen unos ecosistemas o países, quizá un día vimos un reportaje del flipado de National Geographic, o por una foto inspiradora, pero todos tenemos lugares en la cabeza a los que tenemos que ir antes de que nos metan en la caja; y si un día descubres que hay una competición, casi seguro que te viene como anillo al dedo.
En otras ocasiones pesa más el reto deportivo, enfrentarte a lo desconocido, superar tus límites, y siempre en un entorno que te haga interesarte la experiencia, porque el asfalto es y será siempre para los coches y motos, es un artificio, y correr no.
Estos meses pasados he estado dándole vueltas a hacer una competición que supera con mucho lo que he hecho hasta la fecha; me atraía y disuadía a partes iguales. Necesitaba alguna “luz” que me orientase hacia alguno de los dos extremos. Las fases que debes pasar para que participes en una carrera son muchas y variadas, pero yo lo resumo en una evolución de ‘pensar mucho’. Cuando ves en las noticias, periódicos o internet más información de ese país, vete mirando la fecha de caducidad del pasaporte; si te salen de una manera natural expresiones del tipo ‘si fuera yo haría…’ o ‘en el caso de que vaya…’, casi seguro que vas; y si tras mucho negarlo tu entorno –que te conoce mejor que tú- te dice que vas a ir, vas.
Pero claro, sabes que tienes algo interesante entre manos y que a la par te va a costar un esfuerzo inmenso, ¿cómo te logras convencer? Una parte de ti va venciendo a la otra (‘si este puede yo también’), le vas dedicando pensamientos más serios y razonados (‘si salgo despacio y como bien puedo llegar a mitad de carrera entero’) y finalmente algún hecho desencadenante te pone allí. En mi caso, en esta ocasión, fue nadar 1500m sin saber si estaba en el agua o fuera de ella, pensando continuamente en cómo plantearme la competición. Acabando el entreno me reconocí que sí, que tenía que ir, que lo empezaba a desear de verdad, que lo tenía dentro.

Y empieza la vorágine. Contacta con organizador, paga religiosamente los miles de euros que cueste la dichosa carrerita, empieza a definir material, comienza a estudiar la zona, realiza cálculos aproximados de kilocalorías o tiempos de paso; es decir, entrar en carrera.
La fase previa me resulta muy entretenida aunque a veces me ha causado cierta ansiedad porque nunca ves que avances en los entrenamientos o preparativos y se te echa el tiempo encima; siempre surgen molestias que te recomiendan suavizar la preparación, y a la vez sabes que tienes que apretarte bien para ir en mejor forma física; cuanto más conoces la zona, más dudas te surgen de material; cuanto más horas le dedicas a Google Earth, más te das cuenta de que vas a hacer algo intenso muy alejado de las bellas fotos que encuentras por Flickr o de esas apasionantes aventuras en todo terreno que ves en YouTube. Pero no te equivoques, si has elegido hacerlo a la manera dura, la experiencia ni se le parecerá, y de ahí los nervios de los días previos: sabes que vas a hacer algo casi único en tu vida y que tocar el límite es muy doloroso. Pero apasionante.
En esta ocasión nos han mandado unos 30 waypoints (puntos de paso) para unos 350km; y con eso pretenden que nos orientemos. A la vez la logística se complica mucho porque podemos dejar algo de comida y ropa en quince lugares, pero ¿cómo calcular dónde te caerá la segunda o la tercera noche para dejar la ropa de abrigo? Lo que has pedido por internet parece que no quiere llegar justo cuando más lo necesitas, y cuando por fin el repartidor llama es para entregarte un galán de noche en vez del saco de dormir de 400g que ansías. Todo esto aderezado con molestias de rodillas, entrenamientos desmotivados, y horas y horas de mal dormir dándole vueltas a cómo conseguir el peso ideal de la mochila sin pasar hambre ni frío.
Quiero irme ya.
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Desde el ordenador de Sergio Fernandez: sfernandez@adventurelife.es
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